Llegar a los 50, 60 o más no es el final de nada. Pero sí
es el final de la improvisación.
Muchos hombres han pasado años sobreviviendo: resolviendo
problemas urgentes, cargando culpas antiguas, apagando incendios familiares,
sosteniendo responsabilidades sin dirección.
Dios no nos sana para que sigamos sobreviviendo. Dios
restaura para enviar.
“Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para
buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano para que anduviésemos en
ellas. ”Efesios 2:10
La sanidad interior fue necesaria. La reconciliación con el
pasado fue clave. Pero llega un punto en que quedarte solo ahí se convierte en
una forma silenciosa de desobediencia.
Hay un momento —y suele llegar después de los 50— en que
Dios no pregunta qué te pasó, sino: ¿Qué vas a hacer con lo que ahora
sabes?¿A dónde vas a caminar con lo que te fue restaurado?¿Quién se beneficiará
de tu historia redimida?
De sobreviviente a mayordomo
El sobreviviente reacciona. El mayordomo administra.
Mayordomía no es control. Es responsabilidad con
dirección.
Mayordomía del tiempo que queda. Mayordomía de la
experiencia acumulada. Mayordomía del carácter formado en el dolor. Mayordomía
de una fe que ya fue probada.
Jesús no llamó a hombres perfectos. Llamó a hombres
disponibles.
“Vayan y hagan discípulos…”Mateo 28:19
Ese llamado no caduca con la edad. Madurar no es retirarse.
Madurar es saber para qué sigues aquí.
Generación Plateada no es un refugio
No nacimos para escondernos del mundo. Nacimos para servirlo
con sabiduría.
Generación Plateada no es un club. No es terapia grupal. No
es motivación barata.
Es un espacio para hombres que: – ya no quieren empezar de
cero,– no necesitan aplausos,– pero saben que aún hay obra por hacer.
Si estás leyendo esto y algo dentro de ti se incomoda, no es
presión.
Es llamado.
Si llegaste hasta aquí, no fue casualidad. No tienes que
decidir nada hoy. Solo una cosa:
No vuelvas a vivir sin dirección.
Aún hay camino. Y ahora sabes hacia dónde.

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